martes, 20 de marzo de 2007

Princesas


Anoche, con una fiebre que me hacía tiritar de frío pese a estar más que abrigado, me dió por ver "Princesas". Odio ver películas así. Por un lado me siento manipulado por el director, me trago su punto de vista enterito y sin guarnición. Hace que sienta lo que el director quiere que sienta, rabia, dolor, tristeza, melancolía... en el momento y en la medida le da la real gana. Me da rabia por lo predecible que soy, parece que sea transparente, y eso desmerece mis horas al sol para lucir mi bronceado.

Una vez superada la fase emotiva y con los "sentires" mareados de tanto altibajo, me empieza a invadir una sana (esto no hay quien se lo crea) envidia de la hostia. Yo también quiero ser un Fernando León de Aranoa. Sin tener ni puñetera idea de por donde se empuña una cámara de cine, si es que las cámaras de cine se empuñan; sin saber de cine más que las entradas están carísimas; sin saber más que encadenar cuatro letras para formar media frase con un sentido ambiguo... con todo eso, yo quiero hacer lo que este buen señor hace. Es como cuando era niño, que levante la tecla quien no lo haya sido, y tras ver una peli de chinos dándose de hostias hasta en la tarjeta de visita, decidías que querías aprender kung-fu para dar saltos de 12 metros mientras soltabas 40 patadas voladoras al malo de turno.

Y en estas estamos, ahora que soy un poco menos niño que cuando era más niño, me veo con los mismo pensamientos, eso sí, actualizados a niveles menos infantiloides pero básicamente idénticos a 30 años atrás. ¿Será grave? ¿Habré madurado? ¿Necesito madurar? ¿Si veo una peli de chinos, querré otra vez aprender kung-fu?

Hoy sigo enfermo en casa, así que cogeré otra película en el vídeo club para su posterior visionado y, tras dejarme manipular como una muñeca de trapo en manos de una caprichosa niña, volveré a sentir esa envidia cochina que hace que me asquee de mi falta de talento por unos instantes... mamá, ¡¡¡quiero ser artista!!!

Alfonso

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